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H. H. Holmes, el primer asesino en serie americano y su castillo del terror

  Muy buenas noches mis queridos niños,

  que sepáis que no me he olvidado de vosotros, es que con este calor a una se le quitan las ganas de hacer nada… Pero pensando en las caritas tan tristes que tendréis sin mis historias antes de iros a la cama ha hecho que reúna fuerzas suficientes para ponerme manos a la obra. Incluso con este calor infernal, ¿os dais cuenta de lo mucho que os quiero?

  En fin, no sé vosotros, pero a mí sólo me apetece quedarme en casa con el aire acondicionado, así que de eso os voy a hablar esta vez: de casas muuuy peculiares. Jojojo, quién pudiera vivir en sitios así…


El Castillo del Terror


  Una casa cuyo interior estaba plagado de puertas falsas y pasillos secretos, habitaciones sin acceso alguno… La perfecta casa encantada.

  Situada en la ciudad de Chicago, fue propiedad de un hombre cuyo seudónimo más conocido sea probablemente H. H. Holmes. Educado en su infancia en un ambiente estricto y religioso, se convirtió en un hombre inteligente y carismático. Una de sus brillantes ideas durante su estancia en la universidad, fue la de robar los cadáveres y hacerse pasar por su familiar para poder defraudar a las compañías de seguros.


  El señor Holmes, aparte de ser doctor, era un magnífico timador, prácticamente toda su vida se mantenía sobre mentiras y tejemanejes. Era un mentiroso compulsivo, un hábil manipulador que se ganaba la vida con un fraude detrás de otro. Su buen aspecto y convicción encantaban a los hombres de negocios que se dejaban engañar por él, y su atractivo seducía a las jóvenes (llegó a estar casado al mismo tiempo con al menos dos mujeres, menuda pieza estaba hecho).




  Sin embargo no fue nada de esto lo que ha llevado su nombre a la fama. Todo comenzó cuando compró la propiedad en la que construiría su castillo de más de 45 metros de largo y 45 de ancho, formados por tres plantas y un sótano. La primera planta de esta enorme estructura estaba compuesta por diferentes negocios, mientras que la tercera planta eran apartamentos. La segunda planta y el sótano (como es de esperar) se reservaban para sus no muy sanos hobbies.



  Lo que Holmes tenía en mente era probablemente una especie de hotel para acomodar a los visitantes de la gran Feria de 1893.

 Cincuenta años después de la construcción de este hotel de las tinieblas seguimos sin saber con seguridad el número de víctimas al que ascendió la locura homicida de Holmes. Las cifras varían entre veinte y doscientas víctimas, siendo la mayor parte, si no todas, mujeres.


 Se cree que Holmes las sedaba con cloroformo  y posteriormente las daba muertes de la más retorcida de las manerass. Los cuerpos eran sumergido en fosas que llenaba con acido en uno de los sótanos del hotel. 




  Algunos de los esqueletos de sus desafortunadas víctimas eran vendidos a médicos y coleccionistas, procurándole un beneficio económico a este brillante homicida, que estaba decidido a no dejar escapar ni un céntimo y sacarles el mayor beneficio posible a sus terribles crímenes.

  Dos años después de la construcción de su mansión de los horrores, en 1895, fue juzgado tras confesarse culpable de 27 de los múltiples asesinatos que se cree que cometió y condenado a la horca. Tras cumplirse la sentencia en 1896 y acorde con los deseos del difunto, su ataúd fue llenado con cemento antes de ser sellado con clavos y enterrado en una fosa a diez pies de profundidad, con una contundente capa de asfalto y arena que lo sellaron en su descanso eterno.

  Holmes quería asegurarse de que nadie fuera a diseccionar su cadáver y someterlo a las vejaciones que el mismo había infligido en tantos otros.


  Buenos, espero que os haya resultado interesante esta terrible historia de astucia y muerte, estos meses de verano tal vez se reduzca un poco la actividad de nuestra página, pero no os preocupéis niños, que no me he olvidado de vosotros.


Marguerite B. Malèvre