sábado

Vírgenes en el sótano

Buenos días, queridos,

  mientras hacía inventario en el almacén, he encontrado algunos objetos que incluso había olvidado. Uno de los más curiosos, y que quizás os alegre la hora de la comida, es un raro ejemplar del busto una santa mártir que pude adquirir durante uno de mis viajes.


  He de decir que no fue nada barato, ni siquiera con mis dotes innatas para regatear, pero según me contaba el mercante al cual se lo compré, se trata de una escultura única y perfectamente conservada. ¿Me estaría engañando? Pensándolo bien ahora, el hombre no parecía de fiar (hacedme caso, niños, no se puede confiar en ningún mercader).

  En aquella época sentía una verdadera fascinación por los personajes de los santos y sobre todo los mártires de la religión cristiana. Nunca me he considerado una persona religiosa, sencillamente me intrigan las diferentes religiones y sus costumbres.

  Los mártires para mí eran especialmente atrayentes por el hecho de que son personas que mueren por su fe. De una forma u otra, se niegan a claudicar ante ideologías ajenas, convirtiéndose de esta manera en modelos a seguir para todos los cristianos.

  Quizás otro día os cuente de algún caso en concreto, pues ¡las torturas a las que eran sometidos eran tan macabras que merecen ser contadas!

  En fin, quién sabe si es cierto o no que esta pieza es una de esas reliquias de santo, lo que es innegable es que es un objeto peculiar que no desentona nada dentro de mi extensa colección de rarezas.

  ¿Estáis pensando que soy una excéntrica y una desequilibrada? Oh, para una dama con una mente tan despierta y ávida como la mía las aficiones comúnmente aceptadas como normales, aparecen como entretenimientos insípidos y carentes de emoción alguna.

  ¿Cómo? ¿Decís que pensabais que esta entrada hablaba de otra cosa? Vaya, no entiendo por qué, queridos, no he encontrado un título más directo que este.

¡Hasta la próxima, mis niños!

Marguerite B. Malèvre