viernes

¿Un cuento antes de ir a dormir? La oscura verdad de los cuentos clásicos.

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Buenas noches, niños,

  se hace tarde, pero una mente despierta nunca descansa, ¿verdad? En mis tiempos, para ayudar a los pequeños a conciliar el sueño se acostumbraba a contar cuentos, y yo siempre los he encontrado fascinantes, Perrault, los hermanos Grimm, Andersen... ¿queréis quizá que os cuente alguno?

  Es posible que mi versión no sea tal y como la conocéis: lamentablemente, con el paso de los años, esas entrañables historias que mi madre me contaba han ido cambiando. ¡Con semejante capa de azúcar apenas si puedo atisbar el cuento original! Reconozco que en ocasiones pueden ser crudos, pero, ¿acaso no es esa misma crudeza la que nos atrae irresistiblemente?

  La carga sexual de estos relatos era enorme, pero con las versiones sucesivas que se publicaron, se suavizó ostensiblemente mientras aumentaba proporcionalmente el grado de violencia (curioso cómo pensamos, la violencia es aceptable, pero no así el sexo).

  Y todos sabéis de la infame madrastra de Blancanieves, o la de Hansel y Gretel, que, incapaz de querer a unos niños que no eran suyos, decide darles muerte despiadadamente. En las primeras versiones, el personaje de la madrastra no es tal, sino que es la madre biológica. ¡Ah, horrible, sin duda! Pero innegable que no todas las madres aman incondicionalmente a sus hijos...
 ...y aquí me preguntaréis, madame Malèvre, ¿tiene hijos? Oh, queridos, para mí todos vosotros sois mis niños, y mi amor por vosotros es incuestionable. Cierto es que el amor puede expresarse de mil maneras diferentes.

  Os invito a todos a que investiguiés por vuestra cuenta si os interesa, aunque probablemete os vuelva a hablar del tema.

  Aunque si no podéis esperar a la próxima entrada os recomiendo un libro tremendamente enriquecedor llamado "La Cámara Sangrienta", ilustrado con las oscuras imágenes de Ángela Acosta.


Que tengáis dulces sueños...
Marguerite B. Malèvre